La riqueza de los matices y las texturas evidencia que la filosofía culinaria de El Claustro toma de referencia la sencillez pero sin perder de vista la estética barroca. Se trata de ofrecer una gastronomía de mercado, cimentada en los productos andaluces de primera calidad y de temporada. Es lo que llaman ‘productos kilómetro cero’, que garantizan la frescura del mismo debido a la cercanía de su cultivo y/o comercialización. Sin embargo, nada de eso está reñido con sorprender al comensal en cuanto a platos cuidadosamente elaborados en color, diseño y sabor.
Es la firma del Mejor Cocinero de España 2009, Juan Andrés Morilla, que tras cinco años como chef ejecutivo del Restaurante El Claustro, asumió también la gestión y propiedad del mismo. Junto a él, su jefe de cocina, Pedro García. Ambos lideran un equipo de jóvenes creadores cuyo objetivo es común: trasladar la pasión por su oficio a la conquista de paladares exigentes.
La experiencia a la que se somete a los sentidos se completa con una minuciosa pero extensa carta de vinos, que pone a disposición del comensal las mejores denominaciones de origen tanto a nivel nacional como internacional, seleccionadas por el sumiller Marco Cantini, también responsable como maître de supervisar que cada detalle del servicio explique por si mismo por qué la excelencia convierte a este restaurante en un referente culinario más allá de Granada.
Que El Claustro ocupe lo que en otros siglos fue el refectorio del convento de clausura de Santa Paula, que conserve el artesonado mudéjar y la estructura originales, que su atmósfera de abadía y sobriedad trasladen al cliente a un oasis dentro de la ciudad, que la propia iglesia del convento o las pretéritas celdas se hayan convertido en lujosas habitaciones y espacios donde celebrar eventos, o la posibilidad de recrearse la vista entre hornacinas, pinturas al temple de la época, arcos de medio punto o bellas columnas, hace todo lo demás. Porque el placer está garantizado.
